lunes, 29 de febrero de 2016

LO PEDÍA EN VANO



                     Rubens, "El jardín del amor", 1630-1635. Museo del Prado, Madrid.





Sedas y viento pueden llegar
a convertirse en una misma cosa.
Cuando el lucero
cuenta a un alma enamorada
el motivo de soñar despierto,
esta llega a descubrir la ternura
que se ofrece tras una sonrisa.

Después de nuestra impaciencia
y justo antes del atardecer,
mis manos buscan desesperadas
el valor de un beso,
intentando descubrir el motivo
de un amor que responde ante “la voz dormida”.

Suave,
como rosas blancas
sobre una infinita distancia,
la mirada hacia los montes
espera con ímpetu su destino.

Con espléndidas sonrisas,
fluyen los primeros cuerpos
en el curso del agua,
dejando sobre ella,
el corazón de gráciles arrebatos
que conducen, sin remedio,
 a la más dulce locura.

Y yo aquí,
tras la furia y el más allá,

TE RUEGO.

Pilar Molina.

martes, 16 de febrero de 2016

ASÍ COMO ME AFLIGE

               Caravaggio, "Narciso", 1597-1599. Galería Nacional de Arte Antiguo, Roma, Italia.



Desde la existencia
de tus propios límites,
lo enteramente complicado
se empeña en conocer
este olor a grito.

Juntas, las noches,
cruzan el jardín
desde un fondo preciosísimo,
resbalan entre árboles de metal
para poner todo a salvo,
para que las vivas desde entonces.

Siguen estando ausentes
los años y la vida.
Tres cántaros de luz se debilitan
bajo campanarios sin relojes,
que enmudecen
y estallan
y golpean.

Quiero encomendar al diálogo
tu magnífico procedimiento,
vestir de cotidiano un aire intemporal
para así,
mitigar la frecuencia en cada rincón roto
hecho de vinagre y despedida.

Así como me aflige,
yo continúo mirándote asombrado…



Pilar Molina.

martes, 9 de febrero de 2016

LEN - TA - MEN - TE

                           Edward Hopper, "Nighthawks", 1942. Instituto de Arte de Chicago.




Humos azulados
anidaron en los árboles
incendiando las venas
tibias de otoño.

El tiempo,
fiel aliado de la muerte,
se fijó por costumbre
en barras de bar
de un color amarillo
que ya nadie recuerda.

Pude conocer
la perfecta vocación
de sedantes y deseos a medias,
nadie debería soportar
el lento sabor de los
recuerdos.

Intenté
distraerme,
al ser anfitrión de tal evento                                            
no podía marearme en
el discurso,
no hubiese sido lo correcto.

Los desiertos
continuaron
en el blanco de
un bolsillo,
dibujando
len-ta-men-te
el ángulo de tu cuello.

Puesto que el silencio
hablará de nuevo,
intentaré escaparme
con disimulo,
las buenas historias nunca
tuvieron finales felices
aunque déjame decirte,
que tampoco lo pretendo.

Pilar Molina.