jueves, 29 de enero de 2015

Y ALLÍ HABÍA UNA MAÑANA

                                  Diego Vélazquez, "Las Meninas", 1656. Museo del Prado, Madrid.



Solamente recuerdo
la sonora placidez de un río,
palidecía después de cada queja,
dejando tras de sí
un esplendor en las manos
que casi podía olerse.

Movías nuestra pereza
al compás del sonido,
tu tez, apenas pálida,
componía muy de cerca
el ardiente refugio
de un poeta infectado en rimas,
la sonrisa continuaba tranquila
y mis ojos,
hambrientos de ingenio.

Puede que un día recite a solas
en cada esquina de este mundo condenado,
lo haré,
a través del rojo caído del cielo
o de las impolutas alas de un ángel.

Cuéntame, como yo quisiera,
si algún día acariciarás
la sonora placidez de un río.

Pilar Molina


viernes, 16 de enero de 2015

LA PALABRA QUE BUSCABA

                                                  Rafael Piedehierro, " Atontada la cabeza".


Defíneme ”sentir”.

¿Es cuando lo amortecido acaricia
con sus uñas el sonido del agua?

¿Es árbol?,
¿niño?,
¿pesadilla, cristal?
Incluso,
¿Sentirán los limoneros?

Dime si todo esto habla por sí mismo,
si cuando escribo y leo y bebo de ella,
no se multiplica hasta la última gota de sangre.

¿Quién eres tú para saber lo que vive por dentro?
La comparación, quedó lejos del trigal y las cigarras.

He creído siempre en el poema
que sin remedio,
muere degollado al vivir tarde;
en el punto suspensivo
donde el futuro logra entonar
una vieja canción de cuna.

Ya veis, soy como vosotros
o tan distinta a vosotros.

Sé que escribo
a ese momento único,
pero tu sentido parece estar dormido,
no puedes escuchar la música de fondo,
el aroma de las flores que parecen crecer,
las cadenas flotando sobre el río.

Defíneme “sentir”,
que yo,
estimado amigo,
ya lo he sentido.

Pilar Molina