lunes, 14 de marzo de 2016

XXI







Dejé de intentarlo.

La imagen de un niño contra las vallas
descubre en mí un nuevo modo de vergüenza.

El hombre ya no es pueblo,
ni boca, ni libertad,
solo un pez podrido
que se muerde la cola
atravesándome de frente.

La luz le observa,
inmóvil,
abierta bajo mis tripas.

Tiene demasiado limpio el cuerpo,
el azul, su frente,
un secreto profundo abierto al rosal.

Yo resisto a la madrugada

y al aire que le convierte en paloma.

Pilar Molina.