jueves, 22 de octubre de 2015

LA ESPERA

            Johannes Vermeer, "Dama en amarillo escribiendo", 1665. Galeria Nacional, Washington.



Y la palabra se agita dulcemente en la oscuridad,
en su paz brillante, hecha de mimo y sal.
Podría abrirse ante mí
de la misma forma que un niño
abre sus labios ante la vida,
de forma casi irreal,
apenas impuesta.

Hubiera querido reprocharle
tantas noches de extinto diálogo,
trazar una línea de sangre
entre su boca y la mía, para así,
rozar con la yema de los dedos
esta justicia poética
hecha de vértigo y amor.

La palabra en mi memoria,
la palabra que en tu voz suave se queja;
por un segundo,
parece aproximarse a mi pensamiento,
por un solo segundo,
mi voz escrita,

la espera…


Pilar Molina