jueves, 12 de febrero de 2015

HE DICHO QUE

                    Gustave Caillebotte, "Los acuchilladores de parqué", 1875. Museo de Orsay, París.


Nuestro amanecer signó un pacto
con el silencio absoluto.
Mientras era convertido
en indispensable descanso,
exilio y consciencia nutrían vivamente
el corazón de un desvanecido sueño.

Surgen tras los ruidos
huidizas miradas sin ojos,
las manos son descubiertas
entre múltiples cabellos vacíos
ansiando su forma clara
en el continuo palpitar de mil guerras.

He dicho que desvelé una caricia
entre el sonido de su voz y mis labios,
escuchamos atentamente las palabras
que recorrían lentas mi garganta desnuda.

Yo solo no puedo luchar contra el grito
de un cielo custodiado,
preciso árboles de luz
que iluminen con sus albas
tibias aguas errantes.

Aquel aliento,
aquella pose intolerable

es solo, y para siempre, en mí.

Pilar Molina.