jueves, 29 de enero de 2015

Y ALLÍ HABÍA UNA MAÑANA

                                  Diego Vélazquez, "Las Meninas", 1656. Museo del Prado, Madrid.



Solamente recuerdo
la sonora placidez de un río,
palidecía después de cada queja,
dejando tras de sí
un esplendor en las manos
que casi podía olerse.

Movías nuestra pereza
al compás del sonido,
tu tez, apenas pálida,
componía muy de cerca
el ardiente refugio
de un poeta infectado en rimas,
la sonrisa continuaba tranquila
y mis ojos,
hambrientos de ingenio.

Puede que un día recite a solas
en cada esquina de este mundo condenado,
lo haré,
a través del rojo caído del cielo
o de las impolutas alas de un ángel.

Cuéntame, como yo quisiera,
si algún día acariciarás
la sonora placidez de un río.

Pilar Molina