jueves, 30 de octubre de 2014

DE LA VOZ Y EL SABER

            Caravaggio, " El martirio de Santa Úrsula",1610. Palacio Zevallos Stigliano, Nápoles.



No pretendo derramar sobre mis sienes
el inevitable transcurrir
de purificados ríos.
El preciso ser y su imprecisa idea,
quedaron fríamente descompuestos
ante la propia concepción de los latidos.

Aún así,
intentaré no llegar tarde
al áspero beso que finge ser línea
en la palma de tu mano.

Continuaré siendo en ti,
mística unión
entre universo y tiempo,
orgía de fiebre en el repleto vacío,
donde un fragmento
de corporizada inconsciencia,
pertenecerá irremediable
a cada instinto tan tuyo.

No ignoro lo acontecido,
continuaré intuyendo
el inagotable aplauso
de los bien narrados versos,
al esperar que tras un piadoso abrazo
el silencio sea convertido
en alas abiertas.


Pilar Molina