martes, 24 de junio de 2014

CASI LAS DIEZ


                                                               Rafael Canogar.



El olor a lágrima se hace monótono,
observo con miedo el reloj de la cocina
son casi las diez,
llegas tarde.

Ya tengo listo el lado menos castigado de mi cara
sé que lo harás de nuevo,
abrirás con tus manos
heridas recientes que parecen dormir
por miedo a la réplica.

Adopto la posición de una infeliz conforme
bajo esta carencia marchita,
el orgullo se vistió de silencio
dando paso a tu cínica sonrisa
que sin querer,
ahoga.

La puerta se abre,
estás aquí,
disimulo el caos que vivo a diario
bajo un delantal manchado en aceite.

No queda ginebra en el armario,
debemos varios meses de alquiler,
ya no me fían.

Escúchame, por favor,
no me mires así,
los niños duermen.

¿Puedes ver el sol?,
intento por todos los medios
distraer sus intenciones,
no sirve de nada.

El respeto agoniza entre las piernas,
una espléndida oscuridad queda abierta
ante mí,
ya no puedes hacerme daño
la última paliza ganó su ocasión
frente a la muerte.




Pilar Molina.