domingo, 13 de abril de 2014

PÚRPURA Y ESPINO

                                                  Jesús Nazareno. Alzira (Valencia).


Bajo el inquieto silencio
al pie de frondosos olivos,
un pecho inocente clama,
que la noche lo proteja
con su manto.

¡Sálvame, Padre mío,
borra del alma  
este afligido desdén!

Siento miedo de la sangre y la herida,
del injusto y sus negros rebaños.
Un grito presagiado
se confunde ante el beso,
aquel que se recrea cierto
tras la sonrisa del falso discípulo.

Ya visten mis sienes de espino,
azotan con ira la espalda
hasta caer de rodillas.
¡Ay del que arrastra el madero!
Grita la Magdalena,
al besar mis heridas.

Envuelto en lágrimas, dorado y púrpura
camina el Nazareno hacia el calvario.
Estoy dispuesto a cargar
con todas sus culpas,
a morir por ellas,
si es necesario.

El rostro de su madre
se marchita a cada paso.
Apenas suyo, el aire que respira
es convertido en puro llanto.

Mientras, implora a su hijo
no desfallecer ante la adversidad,
abriendo sus brazos al temido destino
con la fuerza de un amor sin límites.

¡Salva a mi Nazareno, Padre mío,
borra de su alma
este afligido desdén!

Pilar Molina.